MALAGA

Superficie: 385,50 Km2
Número de habitantes: 566.447
Gentilicio: malagueños

 

 

 

 

 

Visitas Destacadas: Teatro Romano, Alcazaba, Castillo de Gibralfaro, Catedral, iglesia del Sagrario, Palacio Episcopal, Palacio de los Condes de Buenavista/Museo Picasso, iglesia de Santiago, plaza de la Merced, Fundación Picasso, Palacio de la Aduana, Paseo del Parque, Rectorado de la Universidad de Málaga (antiguo Correos), Banco de España, Ayuntamiento, jardines de Puerta Oscura, jardines de Pedro Luis Alonso, fuente de las Tres Gracias, Plaza de Toros, Palacio de Justicia (antiguo hotel Miramar), monumento al Marqués de Larios, calle de Larios, fuente de Génova, Pasaje de Chinitas, Sociedad Económica de Amigos del País, Ateneo de Málaga, iglesia del Santo Cristo de la Salud, iglesia de los Santos Mártires, Museo de Artes y Costumbres Populares, Puerta de Atarazanas, Santuario de la Virgen de la Victoria, Finca de la Concepción, Hacienda de El Retiro
Situación Geográfica: en la costa del Mediterráneo meridional, a 50 millas náuticas del Estrecho de Gibraltar y a 520 kilómetros de Madrid. La capital registra una precipitación media anual de 470 l/m2 y la temperatura media se sitúa en 18,5º C
Información Turística: Oficina de Turismo, Plaza de la Marina, s/n (29012). Tlf: (+34) 952 12 20 20 Fax: (+34) 952 12 20 23  E-mail: turismo@ayto_malaga.es


En el amplio término municipal de Málaga, el tercero en extensión de la provincia tras el de Antequera y el de Ronda, se combinan al menos dos tipos de paisajes bien diferenciados: hacia el norte se encuentran los Montes de Málaga, zona muy arbolada y, como su propio nombre indica, montañosa y de gran valor ecológico y paisajístico, declarada Parque Natural por la Junta de Andalucía. En este mismo territorio, pero hacia el este, el terreno entronca claramente con la fisonomía axárquica y es donde se dan las mayores alturas, como la del pico de Santo Pitar (1.020 metros).


Las tierras se allanan hacia el oeste y forman lo que se conoce como la Hoya de Málaga, que no es sino la depresión en la que se unen las cuencas de los ríos Guadalmedina y Guadalhorce antes de su desembocadura en el Mediterráneo. En este espacio confluyen la fachada marítima de la ciudad, que tiende a ensanchar sus límites hacia la parte occidental, y, todavía, algunas plantaciones de caña de azúcar, frutales y hortalizas, que conforman los últimos reductos de una tradición agrícola cada vez más absorbida por los polígonos industriales y la constante expansión del aeropuerto.


El entramado urbano de la ciudad se extiende de este a oeste a lo largo unos 12 kilómetros, y aproximadamente en el punto medio geográfico se abre el gran semicírculo donde se ubica en centro histórico, que concentra prácticamente todos los monumentos y puntos de interés turístico, a excepción de los llamados jardines históricos, que se encuentran en el extrarradio.


Ante la expansión asiria y la progresiva desertificación de sus territorios, los fenicios de Tiro llegaron al litoral andaluz alrededor del 800 a.C, y en esa época fundaron Malaka, que más que una ciudad sería en principio un asentamiento comercial en torno al puerto. Tiempo después serían los griegos quienes fundaran la vecina Mainake, destruida por los cartagineses, que a su vez sufrieron el empuje de Roma, ante la que sucumbieron a finales del siglo III a.C., en la segunda Guerra Púnica.


Bajo el dominio romano crece la actividad exportadora, basada fundamentalmente en el garum (salsa o pasta de pescado), el vino y el aceite. En el año 81 de nuestra era la ciudad es ya un municipio federado y son construidos relevantes edificios, de entre los que se conserva el teatro, en las faldas de la Alcazaba. Agotada la hegemonía romana, la ciudad pasa a manos de silingos, vándalos y visigodos, y a partir de la invasión islámica dependerá del emirato y posterior califato cordobés.


En épocas sucesivas la ciudad caerá en manos de los bereberes hammudíes, de los ziríes de Granada, de los almorávides, almohades y nazaríes. A pesar de estos constantes cambios la ciudad no perdió su actividad comercial, debido, en buena medida, a la protección de sus fuertes murallas y a la vigilancia que podía ejercerse desde el castillo de Gibralfaro.


Las tropas cristianas asediaron la ciudad de Málaga durante un siglo, y al cabo se rindió sin condiciones en 1487. Esta rendición incondicional supuso la esclavitud o el destierro de un elevado número de sus habitantes. Con la cristianización la ciudad empieza a transformarse, ensancha sus límites extramuros y la Iglesia inicia rápidamente la construcción de templos y conventos. A los disturbios moriscos del siglo XVI, que acabaron con la expulsión de éstos en 1614 y con el consiguiente desabastecimiento, hay que agregarle las inundaciones del río Guadalmedina y las epidemias que se expandieron por la ciudad en el siglo XVII, y, además, las incursiones de piratas y berberiscos y los ataques de las flotas francesa y británica. La población llegó, pues, exhausta a las postrimerías del siglo XVII.


Durante la siguiente centuria Málaga entra en una época de mayor estabilidad en todos los sentidos y, sobre todo, la economía empieza a fortalecerse debido principalmente a las exportaciones agrícolas. También el fin del monopolio del comercio de Indias repercute directamente en el creciente auge que experimenta la actividad portuaria.


En el siglo XIX la capital no sólo padece la invasión napoleónica, sino también las luchas entre absolutistas y liberales que, en 1831, durante el reinado de Fernando VII, causó el fusilamiento del general Torrijos y sus compañeros en las playas de San Andrés. Hacia mediados de este siglo, Málaga conoce una industrialización centrada en los sectores siderúrgico y textil que la coloca, en este ámbito, en el segundo lugar en España.


Los promotores de esta intensa actividad económica fueron los Larios y los Heredia, a los que la ciudad mostró su agradecimiento erigiéndole estatuas y denominando algunas de sus principales calles con el apellido de ambos. Y es en el siglo XIX cuando Málaga perfila su urbanismo: hacia el oeste se sitúan los barrios proletarios y las fábricas, y al este, las grandes mansiones de la nueva burguesía, mientras que en el centro se ensanchan algunas calles y se construyen edificios de llamativa arquitectura.

Pero una nueva crisis económica se avecinaba: la floreciente industria empezó a hundirse y la plaga de la filoxera acabó con la producción vitivinícola, uno de los pilares tradicionales en que se basaba la riqueza de la provincia. Con algunos altibajos, la economía malagueña no acaba de despegar hasta la década de los 60, cuando el turismo de masas encuentra en la Costa del Sol un destino que acabó por convertirse en referencia mundial.

 

 

Cómo Llegar

Desde cualquier punto de la Costa del Sol, tanto en la zona occidental como en la oriental, hay que tomar la autovía A-7 (N-340), en la que los accesos a Málaga están perfectamente señalizados. Si el visitante procede del interior de Andalucía, primeramente debe tomar la indicación de Antequera. En este punto se accede a la autovía A-45 (N-331), que conduce a Málaga.


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nadie se le escapa que ha sido la privilegiada combinación de sol y playa la principal responsable de la proyección internacional de la provincia de Málaga. Más de 160 kilómetros de bella costa mediterránea y un benigno clima, protegido de los vientos por la franja litoral, han consolidado a la Costa del Sol como un destino turístico de primer orden.

Es el principal motor económico de la provincia y una de las zonas turísticas más importantes de España. La Costa del Sol disfruta de un clima agradable, con una temperatura media al año de 19ºC y con más de 300 días de sol. Dispone de una gran oferta de plazas hoteleras y de ocio, tanto de sol y playa como rural, numerosos campos de golf, parques zoológicos y de atracciones, palacios de congresos, puertos deportivos, etc.

En los años 1950 comenzó el auge del turismo internacional y desde entonces es un destino popular para extranjeros, principalmente para británicos, alemanes, escandinavos y franceses. Clara consecuencia de esto es el espectacular crecimiento económico y demográfico de toda la comarca.

Medio físico

El litoral costasoleño se extiende entre el límite con la provincia de Granada al este y el límite con la provincia de Cádiz al oeste, a lo largo de 161 km de costa mediterránea, abarcando desde el municipio de Manilva hasta Nerja, si bien en ocasiones se incluyen también los municipios de la costa mediterránea de Cádiz y la costa granadina hasta Motril. Esta imprecisión se debe a que no existe un marco administrativo o una definición oficial más allá de las comarcas de la Costa del Sol Occidental, Málaga - Costa del Sol y Axarquía - Costa del Sol, todas ellas en la provincia de Málaga. Tradicionalmente se divide en dos zonas: la "Costa del Sol Occidental" y la "Costa del Sol Oriental", siendo la capital y centro de ambas la ciudad de Málaga.

La cordillera Penibética transcurre paralela a línea de la costa formando el límite norte de la Costa del Sol, compuesto por un conjunto de sierras litorales que a menudo sobrepasan los 1.000 m. de altitud. De este a oeste las Sierras de Tejeda y Almijara constituyen el entorno montañoso de la Costa del Sol Oriental, en donde también se insertan los Montes de Málaga. La Sierra de Mijas, Sierra Alpujata y Sierra Blanca conforman el inicio de las sierras litorales occidentales de la Costa del Sol, mientras que Sierra Bermeja y su pequeña prolongación en Sierra Crestellina cierran ésta alineación montañosa.

En la estrecha franja entre las montañas y el mar existe una gran diversidad de paisajes: playas, acantilados, desembocaduras, calas y dunas. Los ríos son cortos y estacionales, lo que provoca unos estuarios poco extensos y valles poco propensos a la agricultura. El efecto de sotavento que provocan los Sistemas Béticos hace que sus aportes sean reducidos.

El litoral muestra un perfil poco recortado. Cuenta con el mayor número de playas de toda la comunidad autónoma andaluza, concretamente con 124 de un total de 321.[3] Las zonas arenosas ocupan la mayor parte de la Costa del Sol, salvando algunos tramos rocosos en Manilva, Mijas, Torremolinos, Benalmádena, Rincón de la Victoria y los acantilados de Maro, en el término municipal de Nerja.

En el relieve litoral resaltan las bahías de Málaga y de Estepona, separadas por la Punta de Calaburras. Las tierras emergentes se prolongan bajo el mar por una plataforma continental estrecha y poco profunda que alcanza una anchura media de unos 5 Km. y una profundidad máxima de 150-200 m.